Maíz blanco o el amarillo?

PorJose Manuel Valdez Pineda

Maíz blanco o el amarillo?

En México tenemos maíz blanco para dar y repartir; producimos lo que consumimos y nos queda para exportar. De acuerdo con cifras de la Sagarpa, para 2017 la producción crecerá un 4.7% con respecto al año pasado, con un total de 23.3 millones de toneladas.

Esto permite a cada habitante del país contar para su consumo con 188 kilogramos al año de este grano, lo que equivale a poco más de medio kilo por día, entre tortillas, harinas y botanas.

Con el maíz amarillo las cosas cambian: México tiene que importar casi la mitad de lo que necesita, unas 13 millones de toneladas al año. Y aunque este producto viene en su mayor parte de Estados Unidos, desde que llegó Donald Trump a la presidencia de ese país ya se está considerando importarlo de Argentina y Brasil.

Pero, ¿cuál es la diferencia entre ambos tipos de maíz?

En México, el uso y consumo del maíz blanco está enfocado en la alimentación humana: para hacer masa y obtener harina y sus derivados. El amarillo, por su parte, se destina más como alimento de animales y para la producción industrial de almidón, frituras y hojuelas.

Desde el punto de vista biológico y genético, el maíz blanco es muy similar al amarillo, y “si bien hay una diferencia en la apariencia a causa de la ausencia de los pigmentos de aceite de carotina que originan el color del grano amarillo, las condiciones de producción y los métodos de cultivo son en gran medida idénticos”, indica la FAO.

En cuanto a sus cualidades nutricionales, las semejanzas persisten. El maíz blanco tiene un poco más calorías que el amarillo, sin embargo ambas variedades tienen una baja densidad energética. Una taza de maíz blanco tiene 25 gramos de carbohidratos y 5 gramos de fibra, mientras que la misma cantidad del amarillo tiene 22 de carbohidratos y 4 gramos de fibra. Y ambos tienen la misma cantidad de grasa y proteína: 1 gramo de grasa y 4 de proteína, por cuatro tazas de maíz.

Y si de vitaminas y minerales hablamos, tampoco hay una gran diferencia: ambos contienen el 2% de su valor diario de vitamina A, y 4% de hierro.

En todo caso, la mayor diferencia entre estos dos tipos de maíz son los procesos de elaboración para su consumo, como explican nutriólogos del Centro de Orientación Alimentaria: “Lo que sí hace diferencia en la calidad y el valor nutrimental es el proceso de elaboración que puede ser tradicional de nixtamalización (para hacer tortillas y tamales) o con harinas refinadas; la primera consiste en cocer el maíz en agua con cal para ablandarlo, antes de molerlo, de esta forma el cereal se vuelve más nutritivo, ya que sus proteínas se asimilan mejor”.

Por qué México no puede solo con su producción de maíz?

México es el centro de origen del maíz a nivel mundial. Sin embargo, se ha quedado rezagado frente a otros países, lo cual pone en juego la seguridad alimentaria de los mexicanos.

México es la tierra del maíz. Hace más de 10,000 años, el grano fue domesticado por los grupos indígenas en la República Mexicana, quienes lo convirtieron en un tesoro dorado para su subsistencia. Sin embargo, el país no es autosuficiente en su producción y requiere importarlo en la nación que lo vio nacer.

“No somos autosuficientes en la producción de maíz y lo seremos en la medida en que enfrentemos las diferentes adversidades para producirlo, como son plagas y cambio climático”, asegura Pedro Ortiz Franco, miembro productor del Sistema Producto Maíz y vicepresidente la Alianza Protransgénicos.

México es centro de origen del maíz y cuenta con 59 razas del grano y más de 1,000 variedades de maíz nativo. En la actualidad, dos millones de personas se dedican al cultivo del grano en la República Mexicana.

Hoy, el país importa cerca de 47% del maíz que consume, lo que se traduce en cerca de 12.9 millones de toneladas del grano, mientras que el valor de las importaciones fue de 2,237 mdd durante 2016.

Falta de tecnología y rendimiento

México importa un tercio del maíz que consume. Es un mundo el tamaño de maíz que importamos”, dice Pedro Ortiz, quien produce maíz en Chihuahua y ha asesorado al campo por más de 20 años.

El país consume maíz blanco, empleado para elaborar alimentos destinados al consumo humano, y amarillo, el cual se emplea para alimentar al ganado. La principal importación es del grano amarillo, el cual proviene en un 98% de Estados Unidos, ya que el grano utilizado para las tortillas es suficiente para el autoconsumo.

La falta de tecnología en el campo mexicano, frente a países como Estados Unidos, y el rendimiento de las hectáreas han causado el déficit en la producción del insumo nacional. Pero no solo la maquinaría empleada es suficiente para incrementar la producción.

El rendimiento promedio de maíz en el país es de 3.17 toneladas por hectárea, 38% por debajo del promedio mundial, ha argumentado en varias ocasiones el profesor de la Universidad Cornell, Anthony M. Shelton.

El productor del norte del maíz propone que ponga a discusión una nueva propuesta para producir maíz amarillo, dentro de lo que busca que se incorpore el uso de maíz genéticamente modificado.

En un documento publicado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) y la Red para la Agricultura Familiar –conformada por más de 60 uniones de productores, gobierno y sociedad civil– se establece que, de forma idónea, las naciones deben producir 75% de los productos que consumen, mientras que México tan sólo alcanza cerca de 58% en este rubro.

Nuevos importadores

Las políticas económicas del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, como es la intención de imponer un arancel a los productos provenientes de México y la reciprocidad del gobierno mexicano en dicho gravamen, han propiciado un replanteamiento del origen de las importaciones. El maíz no es la excepción.

La estrategia del gobierno federal es buscar que Argentina, Brasil y Rusia puedan ofrecer el grano que requiere el país, para no depender de las importaciones provenientes de Estados Unidos.

De mantenerse el déficit actual del grano, para 2025 se prevé que se importen 39 millones de toneladas al año.

Pedro Ortiz sabe que la producción traída de otros países también tiene consecuencias económicas, por lo que es necesario pensar en el largo plazo. “México debe darse prisa a tomar decisiones para garantizar el abasto de maíz.”

 

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